La Familia

Presbíteros,
religiosos de la Pía Sociedad
San Cayetano

servimos significativamente a la comunidad cristiana como educadores de la fe, celebrando los sacramentos que unen la vida concreta de todos al sacrificio de Cristo y conduciendo a los hermanos a la unidad (RdV C16)

Diáconos,
religiosos de la Pía Sociedad
San Cayetano

servimos significativamente a la comunidad como educadores de la caridad, llamando a cada uno a la multiplicidad de servicios para el todo el pueblo, especialmente para los más necesitados.
(RdV C16)

Hermanas
en la diaconía

compartimos la misma vocación y misión que el Señor ha donado a la Pía Sociedad San Cayetano, participamos del carisma religioso pastoral diaconal en su opción fundamental (misión pastoral en iglesias particulares) y en sus aspectos caracterizantes (a partir de los últimos y el mundo del trabajo), según nuestra especificidad de mujeres consagradas (Estatuto 1.3)

Amigos
del padre Ottorino

somos laicos, hombres y mujeres llamados personalmente y juntos, a “contemplar, vivir y promover el misterio de Jesús sacerdote siervo”. Vivimos, nosotros mismos en primer lugar, y después enseñamos a amar a Dios con todo el corazón, a amarnos entre nosotros como Jesús nos amó, a santificar el trabajo y la vida cotidiana en la fe y sirviendo a los hermanos (Estatuto 12)

La palabra “vocación” no ha caducado. Necesitamos hombres y mujeres consagrados y apasionados, ardientes por el encuentro con Dios y transformados en su humanidad, capaces de anunciar con la vida la felicidad que proviene de su vocación.

(Del discurso del Papa Francisco a los participantes del congreso europeo de directores nacionales de la pastoral para las vocaciones 17-06-2019)

“Nosotros, religiosos presbíteros y diáconos, reunidos en el VII Capítulo general, asumimos la denominación “Familia del padre Ottorino” para indicar a los Religiosos, presbíteros y diáconos de la Congregación, y a las otras realidades que comparten y participan del mismo carisma y se estructuran con Estatutos inspirados en la Regla de Vida, reconocidos y aprobados por un Capítulo general de la Pía Sociedad San Cayetano.

Con la denominación “Familia del padre Ottorino” se afirma la unidad de la Familia en la pluralidad de las formas: la unidad de origen y de carisma y la vocación a realizar juntos –en la complementariedad y en la corresponsabilidad, aunque en modos y formas distintas- la misma misión: vivir la unidad en la caridad para promover la diaconía en la vida y en la misión de la Iglesia.

La razón fundamental, de la que brotan la corresponsabilidad y la complementariedad es el convencimiento de que el carisma es único y común, substancialmente idéntico para todos los hijos del p. Ottorino, pero que es participado a las varias realidades de manera distinta. Todos estamos llamados a hacer presente el carisma en la vida y en la misión de la Iglesia.

En esta visión las Hermanas en la diaconía y los Amigos del p. Ottorino, cuyos Estatutos fueron aprobados por el VI Capítulo general, son un signo del crecimiento y de la vitalidad no sólo del carisma, sino también del espíritu eclesial, que impulsa a recibir y a desarrollar, como dice la Regla de Vida y como imponen la inteligencia del carisma, la apertura al Espíritu y el camino actual de la Iglesia. Son un don precioso, que permite una más amplia expresión de la riqueza de nuestro carisma y dan un específico aporte esencial y complementario. La Regla de Vida habla de “expresión viva de la fecundidad de nuestro carisma” (D13).

Este Capítulo, con la participación activa de los representantes de las Hermanas en la diaconía y de los Amigos del padre Ottorino, es un signo de vida y de futuro, incrementa el espíritu de familiaridad y reaviva la vocación a vivir el mismo ideal y a compartir la misma praxis pastoral para la difusión del Reino de Dios en el mundo”.

Declaración del VII Capítulo general (2003)

"¡Se aman tanto!"

Esta es la invitación que nos dejó Don Ottorino. De una simplicidad desarmante. Eso es lo que todo corazón necesita. Y el corazón de nuestro amor mutuo es Jesús; el modelo de nuestro estar juntos es la Sagrada Familia de Nazaret; el fuego que calienta nuestros hogares es el Amor del Padre por sus hijos.