Marzo 2020

JESÚS HACE LA VOLUNTAD DEL PADRE
«Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me envió» – Juan 4, 34

Jesús, que viaja de Judea a Galilea, pasa por Samaria y cansado de la caminata se sienta al borde de un pozo, mientras sus discípulos van al pueblo a buscar comida. Mientras tanto, una mujer samaritana llega al pozo a buscar agua, y Jesús comienza con ella un dialogo diciéndole: “dame de beber” (Jn 4,7). El evangelio de san Juan nos relata un diálogo bellísimo que conocemos bien y que al final nos sorprenden porque es la mujer que termina pidiéndole a Jesús “Señor, dame de esa agua” (Jn. 4,15). Después ella deja el cántaro y va a anunciar a sus vecinos la presencia de Jesús. Mientras tanto los discípulos regresan con la comida e invitan Jesús a comer, él les responde: “mi alimento es hacer la voluntad del que me envió” (Jn 4,34). También nosotros queremos vivir la Voluntad de Dios, de hecho todos los días rezamos el Padre Nuestro, pidiendole al Padre “que se haga su voluntad”, lo que significa “Padre realiza tu voluntad en nuestra vida y en el mundo”. Pero muchas veces pensamos que la voluntad de Dios es algo que cuesta, que comporta el sufrimiento o la cruz o la renuncia; o sea algo que rechazamos porque nosotros buscamos vivir la alegría de la fe.

Pero si Jesús dice que la voluntad de Dios es un alimento, quiere decir que es fuente de energía, que da fuerza para vivir y trabajar. Además el alimento generalmente es algo referido al gusto, es placentero. Si Jesús dice que la voluntad del Padre es para él alimento, quiere decir que esa voluntad es la que le da la

fuerza y la alegría de vivir.
Tener la voluntad de Dios como alimento de la propia vida es hacer que todo lo que nos sale al encuentro en nuestra vida diaria: tanto las cosas que nosotros pensamos que pueden ser buenas, como las cosas que a veces consideramos como malas se conviertan en medios para cumplir con la voluntad de Dios. Todo sirve para cumplir con la voluntad de Dios cuando estamos moYvados, cuando es Dios el centro de nuestra vida. Ése es el ejemplo que Cristo nos dejó: hizo de todo lo que le rodeaba un medio para cumplir con la voluntad de Dios. ¿De dónde sacaba fuerzas Jesús para cumplir con esta voluntad de su Padre, a veces tan costosa? Del amor. Amaba a su Padre sobre todas las cosas.
Es la gracia que el P. O_orino pide para nosotros, un amor grande por Dios de modo tal que seamos capaces de donar todo lo que somos, desarrollando nuestros talentos totalmente entregados al proyecto de Dios. Un amor que no quede solo en buenas ideas, sino que involucre toda nuestra vida, que se vuelva oración insistente y compromiso constante.
¿Cómo vivir, entonces, la Palabra del Empeño de vida de este mes?
Al inicio de cada día rezar el Padre Nuestro tomandonos el Yempo para meditarlo, sin prisa, y con el compromiso de vivir la jornada iluminada con la búsqueda constante de la Voluntad de Dios.

 

Padre Ottorino
Cumplir la voluntad de Dios en todas las cosas

Si el Señor me apareciera y me preguntara: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Pediría sólo esta gracia: que entre en nosotros un tal amor por él, que para nosotros no hubiera más que el deseo de cumplir su voluntad en todas las cosas. La chispa del amor de ustedes hacia Dios y hacia las almas nace aquí. Si no tienen este deseo de hacer la voluntad de Dios, ¡cambien de camino! Amigos míos, se lo digo en nombre de Dios: si queremos que todas nuestras acciones sean guiadas realmente por este hilo de oro, hace falta que entre en nosotros este único amor: hacer la voluntad de Dios. Y no debe entrar solamente en la inteligencia, sino también en nuestra vida, en nuestro corazón, en nuestras oraciones. Si no entra en ustedes este amor totalitario por Dios y un deseo realmente grandísimo de hacer sólo aquello que él quiere, hijos, ¡cambien de casa! Yo se lo suplico en nombre de Dios: ¡cambien de casa! ¿Por qué? Porque el Señor quiere esto de nosotros: un grupo de almas entregadas totalmente a él, que asuman sus capacidades y las desarrollen en modo maravilloso.

Med. 4 de marzo de 1970