Enero 2020

Jesús es el camino

«Yo soy el Camino… Nadie va al Padre, sino por mí» – Juan 14, 6

En la última cena Jesús les dice a sus discípulo que vuelve al Padre y que allí les prepara un lugar. Tomás, el discípulo “gemelo” de cada uno de nosotros, hace una objeción a Jesús: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino?”. Justo él, que con entusiasmo se declaró dispuesto a morir con Jesús (cf. Jn 11,16), muestra en realidad que no sabía lo que había dicho. Para Tomás, como para nosotros, ciertamente no es fácil entender que la muerte misma, si es un acto de amor, un acto de no preservar la vida egoístamente sino de darla por amor a los demás, es el camino, el camino para vivir con Jesús en Dios. Jesús no responde a su pregunta directamente, pero dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí “.

Jesús usa la metáfora del viaje para decir: “Yo mismo soy el camino a seguir para ir al Padre; yo mismo soy la verdad como conocimiento del Padre; yo mismo soy la vida eterna, la vida para siempre como un regalo del Padre “.

Y concluye diciendo que, Él es el camino porque “nadie va al Padre sino por mí”. Después de la revelación de Jesús, quien nos habló del Dios invisible, a quien nadie ha visto o puede ver, uno no puede creer, adherirse a Dios excepto a través de Él, la única y verdadera “imagen” del Dios invisible. Y aquí surge una pregunta: ¿nosotros tomamos estas palabras en serio? ¿O las repetimos sin la conciencia necesaria? De hecho no podemos conocer a Dios si no conocemos a Jesucristo, no podemos creer en el Dios vivo sin creer en Jesucristo, no podemos vivir en comunión con Dios si no vives en comunión con Jesucristo. Nosotros vamos al Padre a través de Jesús, quien le da un rostro, quien nos lo explica y nos lo revela.

Este mismo Jesús nos ha llamado a formar parte de esta la Familia para vivir juntos su misma vida, su donación, en fin, para vivir el Evangelio. El P. Ottorino vuelve a recordarnos esta llamada de asemejarnos a Jesús para dar un testimonio de vida cristiana concreta, viviendo en unidad, llevándolo a los distintos ambientes donde nos encontramos.

Para vivir esta misión el p. Ottorino nos propone una ayuda, preguntarnos en cada situación que vivimos: ¿qué haría Jesús si estuviera aquí? Para realizar este ejercicio, que exige sacrificio y entrega, dice que Jesús debe llegar a ser para nosotros un amigo cercano, confidente. Renovando siempre el encuentro con Él en la Eucaristía, en la oración, reconociendolo presente en mí, como un amigo que comparte los dolores y las alegrías de cada día.

¿Cómo vivir, entonces, la Palabra del Empeño de vida de este mes?

En mi vida cotidiana, frente a las situaciones difíciles que se me presentan, realizar el ejercicio de preguntarme ¿Jesús, qué quieres que yo haga en este momento?

 

Padre Ottorino

Llevar a Jesús en medio de la gente

El amor de Cristo nos ha llamado, nos ha reunido para que podamos vivir el Evangelio, convertirnos en “pequeños Jesús”, es decir, parecerse a Jesús en todos los sentidos y en todas las formas y luego, unidos, dar un testimonio cristiano, para que el mundo, viendo nuestra caridad, nuestro cristianismo vivido, pueda creer. Debemos imitar a Jesús para poder, después, llevar a Jesús en medio de la gente. Me gustaría que cada uno de nosotros tenga la preocupación, en todas sus acciones, de imitar a Jesús. Es decir, en cada acción que hago debería preguntarme: “¿Qué haría Jesús?” o “¿Qué quieres, Jesús, que yo haga?”, lo esencial es que debo imitarlo. Pero me gustaría que este Jesús no fuera un Jesús distante, sino un Jesús que siempre tengo cerca  mío, del cual me hago amigo, quien es el primer confidente de mis alegrías y mis penas. Mi preocupación es: que se relacionen con Jesús. La caridad es algo hermoso cuando se considera poéticamente, pero en la práctica requiere sacrificio, y tienes fuerza para hacer un sacrificio si crees en Jesús presente en la Eucaristía, presente en ti y si estás dispuesto a dar tu vida por Él.

(Med. 9 de agosto de 1966)